Natalia Dicenta

HAN DICHO…

En Madrid EnCanto 2001 (Miguel Bosé):

“Querida Natalia,

Estabas ahí, indudablemente que lo estabas, desde hacía tiempo, tangible desde y a partir de tu trabajo. Estabas ahí, impecable… Y de repente, la sorpresa de tu voz enredada a la música… Fue tal mi sorpresa que descubrí que habías estado ahí siempre, pero incompleta.

Hoy que sé, que te sé mejor, me atrevería a decir que estabas ahí pero ocultando la más liberatoria de tus armas: la voz que te canta, la que parte a Natalia en pedazos a pesar de sí misma. Esa voz que aprendió a hablar cuando en la infancia te diagnosticaron que la perderías, que nunca la tendrías. La voz negada. ¿Te acuerdas? Tu voluntad le ganó el pulso a la medicina. Creo que desde niña tu mayor asignatura, tu juego más privadamente rebelde fue bordar tu voz con palabras, luego con notas y luego después de haber ganado todas las batallas, la victoria: bordarle el silencio a tu voz. 

Silencio que hoy llenas de palabras, de notas, de música y de emociones. Este proyecto que inicias hoy es entusiasman te y lo adivino porque cuando hablas de él te traiciona el brillo impaciente de tus ojos. Bienvenida y bienrescatada. Y ahora, a volar…”


En EL País – Expresión en femenino 2013 (Fernando Iñiguez):

“En un reducto más recoleto, el Bogui Jazz, la voz de seda de la actriz Natalia Dicenta recreará estándares del jazz de todos los tiempos. Hay una deuda pendiente con esta mujer suficientemente dotada por la naturaleza para darle al jazz cantado una atmósfera especial: no tiene aún un disco publicado, y eso que lleva décadas cantando por los clubes de jazz de todo el territorio nacional, y llenando los festivales a él dedicados más importantes de España. Y siempre, con notable éxito de público y críticas. Encarnando a Judy Garland en la obra musical Más allá del arcoíris, llenó durante semanas los teatros de Madrid y media España. Esta noche, acompañada por el trío del pianista José Manuel Villacañas (Reinier Elizarde al contrabajo, y Antonio Calero a la batería), Natalia Dicenta cantará por Duke Ellington, Thelonius Monk o los hermanos Gershwin, dedicando, por ser el Día de la Mujer, un espacio propio a la controvertida Mae West, que hizo valer su sexualidad en tiempos en los que las mujeres que se permitían cacarearla, eran tildadas de lo peor.”


En La Razón 2011 (Jesús Mariñas):

“Es un asombro y auténtico animal escénico. Qué gusto escuchar todos esos «bravos» y «vivas» que se ganó a pulso.  Ovaciones de cinco minutos premiaron y resumieron su gran trabajo  en «Al final del arcoiris», lo mejor que puede verse en Madrid actualmente.”


En Complujazz 2009 (Fernando Iñiguez):

“Cuando Natalia Dicenta ya tenía el reconocimiento como actriz tomó el micrófono para cantar profesionalmente. Sus distintos conciertos en la última década, han merecido elogios unánimes de la crítica especializada. Una de las facetas más sorprendentes de Natalia Dicenta es su pasión por la música, concretamente por el Jazz. Fue en el año 1999 cuando, por una llamada del Café Central de Madrid, surgió la oportunidad de desarrollar su potencial como cantante, que le ha llevado a realizar diversos conciertos, donde demuestra, además, que maneja el inglés a la perfección en sus actuaciones.

Hemos podido disfrutar de su voz repetidamente en Café Central, Club Clamores y Calle 54. En 2003 participó como vocalista en la edición del Festival Clásicos en Alcalá, en Alcalá de Henares, y en el Festival de Jazz de Madrid. En 2001, y de la mano de Teresa Vico, por entonces directora del Teatro albeniz de Madrid, participó en la primera edición del Festival Madrid En Canto, junto a Pedro Guerra, Luis Pastor y Martirio. Ya en el año 2000 y en el marco del Festival de Jazz de Pamplona, tuvo su primer desafío del que salió airosa y convencida de que la música es y será parte fundamental, no sólo de su profesión, sino de su vida. “Natalia Dicenta lleva tiempo demostrando que es una excelente intérprete de jazz que domina algunos de los resortes de las grandes damas de la música. Su carrera como vocalista, que se adentra también en géneros como el bolero o la comedia musical, ha llevado a la intérprete a actuar en festivales de prestigio, además de pasearse por los clubes de jazz más tradicionales de Madrid.

Soy de los que piensan, que por muy buena que sea una solista, siempre lo es más si lleva unos músicos de cuidado, como en su caso, y la banda que acompaña a Natalia, Vicente Borland, Yelsy Heredia, Santiago Reyes, Antonio Calero, Marcelo Peralta, son de los que quitan el hipo. Recrean un exquisito repertorio que, entre otros estupendos compositores, pasa por Duke Ellington, Cole Porter, los Gershwin (impresionante su versión de ‘Summertime’), Kurt Weill, Milton Nascimento y hasta Lennon & McCartney. La vocación musical de Natalia Dicenta no está reñida con su faceta como actriz, pues según confiesa: -‘busco una historia en cada canción, lo mismo que en cada personaje que interpreto. Soy cantante y actriz a partes iguales’.”


En Festival de Jazz de Ezcaray 2009 (Fernando Iñiguez):

“La vi en El Central a primeros de mayo y “lo flipé” (¿se puede empezar así un texto serio para un festival serio de jazz?). Concluí, –y perdón por ser tajante en mis afirmaciones y por haber empezado hablando de mí-, que no hay voz de mujer que en España se arrime al jazz como ella. Me pregunté al final en cómo cantaría ese repertorio descomunal si en vez de haber nacido en Madrid, lo hubiese hecho en ¿el Bronx? ¿Nueva Orleans?

Es que las cantantes de esos lugares fantásticos donde se “inventó” el jazz, llevan mucha ventaja a las de otras latitudes. Lo acarrean en la sangre, lo maman de la teta de sus madres y desde pequeñas lo celebran en casa y en la calle con un sinfín de melodías y ritmos que les entra por todos los poros de la piel.

Natalia Dicenta juega en desventaja. Sí, vale, ella me lo ha dicho muchas veces: en su familia adoraban el jazz cuando era pequeña y también mamó de sus discos grabados. Pero no era lo mismo. Salía a la calle, y el mundo era diferente a ¿el Bronx, Nueva Orleans?

Sin embargo, apenas se nota. Su voz blanca -¿es que sólo van a valer las gargantas negras?- se anegra cuando ella quiere (¿se puede decir “anegra”?). Y su inmenso sentido del espectáculo –ya se sabe, es actriz, hija del teatro- le hace escoger unas canciones enormes en las que, además, se pone a prueba a cada instante. Vale, en la elección del repertorio también ha intervenido el eximio pianista panameño Vicente Borland, a la sazón director “espiritual” y musical de la Dicenta cantante, pero ella ha dejado su impronta y se nota que ha marcado muchas de las pautas en la búsqueda de ese tesoro musical que uno encuentra en sus conciertos. No se pierdan en Ezcaray, por poner sólo un par de ejemplos, el tempo distinto que le da al Summertime de Gershwing, o cómo suspende (de dejar colgada como en el aire, no de no aprobar) y ralentiza la nota del Ain’t no way, el baladón con el que estremeciera al mundo hace unas décadas la gran Aretha Franklin.

Estaría horas destripando el contenido de los recitales que hace ahora Natalia, en su vuelta a la música y al jazz tras unos años girando con obras de teatro. He dicho que la vi en mayo y lo flipé, porque aparte de la emoción que pone en su voz en cada una de sus recreaciones, –eso, recreaciones, porque suenan como piezas nuevas, no como versiones-, es fantástico oírla explicar cada canción antes de cantarla. Te habla de Fred Astaire, de Cole Porter, del Over The Rainbow, de Jerome Kern o de Billy Joel con una familiaridad asombrosa, y con una pronunciación tan americana que realmente sí parece del ¿Bronx, Nueva Orleans? Ahí es Natalia es estado puro: pelín sofisticada y fascinante, pelín presumida, pero muy cercana y sincera. Campechanía y glamour no están reñidos. Natalia disfruta y se emociona con sus canciones. Y se gusta, y ama a sus músicos, y respeta profundamente a los que vamos a escucharla.

Es un momento de intimidad: los músicos brutales la amarran a la tierra; ella sobrevuela con su voz de terciopelo y sal y a los de abajo del escenario se nos queda como una carita de bobos.  No es del Bronx ni de Nueva Orleans, y qué importa. Hace tiempo que ella también se afanó a lo del derribo de fronteras. Es magia… y lo canta todo de forma tan bárbara que, ¿yo qué sé?, hasta los Gershwing saldrían de la tumba si la oyeran. “


En Festival Internacional de Jazz de Madrid 2009 (Fernando Iñiguez):

“En Ni jazz, ni pop, ni estándares, ni boleros. Emoción. Eso es lo que cuenta. Los nombres y etiquetas que se den a la música es lo de menos. Eso lo sabe bien Natalia Dicenta. Suele utilizar las formas del jazz, y en algunos de los festivales que al género se dedican, ella ya ha dejado su impronta. Pero ¿y qué más da?. De Natalia Dicenta lo que cuenta es que cuando aborda la canción que sea, es capaz de contagiar miles de sensaciones y emociones. Sin abandonar la de actriz, hace diez años empezó su carrera musical aquí mismo en el Central. Vuelve a casa ahora, en el mayo reventón, cuando en Madrid estalla la primavera y todo es nuevo, todo florece y todo es limpio. Viene con nuevo repertorio porque aunque ha estado en los dos últimos años sin cantar en público más entregada a su faceta teatral y televisiva, no ha dejado ni un solo día de pensar en la música y en las canciones. Confiesa que en la intimidad no ha parado en este tiempo de canturrear el Cry Babe, de Janis Joplin. A la emoción que ella siempre pone en lo que hace, se añade para estos días la emoción del reencuentro, el vértigo de regresar al punto de partida. Atrás quedan los años de aprendizaje; delante, un camino por recorrer que, aunque se intuye rico e intenso, resulta también emocionante por lo que tiene de desconocido y misterioso.

Cole Porter, los Gershwing, Lennon y McCartney, Aretha Franklin, Milton Nascimento, Marvin Gaye… Summertime, Blackbird, Over the Rainbow, All Of You, Fly Me To The Moon… están en el repertorio que minuciosamente, con otras sorpresas, ha preparado para este reencuentro. Hay mucho swing y mucha vida, y, como dice ella “pocas penas, que las sombras del invierno ya pasaron y en tiempos de crisis, mejor tomárselo con alegría”. Pues eso: Natalia Dicenta, magia y emoción en el Central.”

Introduce tu dirección de correo electrónico.